¡VIVA LA DISIDENCIA!

En estos días de celebraciones de libertad y de derechos de trabajadores, de intervenciones “divinas” (por así decirlo, pero más bien religiosas), así como de la supuesta autonomía y gobernabilidad que impera en el país (jaja sí, como no… Perdón… ¿De qué país estoy hablando?… Olvide de lo que hablaba)… Se me ocurrió hablar (e inspirandome en la mención que hizo el ilustre y excelso Jorge Saldaña en su programa de radio) de disidencia y disidentes mexicanos… de verdaderos disidentes mexicanos…

Ya había escuchado de la justicia de las religiones (en este caso de la católica)… Ya saben, son los elegidos para decir que es bueno y que es malo (su maniqueismo arcaico). Y me sorprendió un caso en especial, en el que la justicia pseudo-divina, se había encargado de poner en su lugar a un “malviviente” que no era más que un “rebelde” de esos que traicionan las nobles instituciones que son en nuestro beneficio… Un Marcos cualquiera como los muchos que hay… De esos re-negados (para Fox), y acomplejados (para Calderón), que nada más dan lata al sistema…

Hablo nada más y nada menos que de nuestro famosísimo y glorioso Padre de la Patria: Don Miguel Hidalgo y Costilla. Aquél hombre que luchó y defendió con su vida (como debe ser) su ideología y por la libertad de los suyos.

Más sufrido no puede ser su caso; luchó y se enfrentó a todos los que supuestamente profesaban su misma creencia; huyó y huyó por más de diez años, con el apoyo de hombres ordinarios y campesinos que luchaban por una vida digna; y al final de todo, es fusilado y hasta EXCOMULGADO! A continuación expongo algunos párrafos del decreto eclesiástico:

“Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, en dondequiera que esté, en la casa o en el campo, en el camino o en las veredas, en los bosques o en el agua, y aún en la iglesia. Que sea maldito en la vida o en la muerte, en el comer o en el beber; en el ayuno o en la sed, en el dormir, en la vigilia y andando, estando de pie o sentado; estando acostado o andando, mingiendo o cantando, y en toda sangría. Que sea maldito en su pelo, que sea maldito en su cerebro, que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus sienes; en su frente y en sus oídos, en sus cejas y en sus mejillas, en sus quijadas y en sus narices, en sus dientes anteriores y en sus molares, en sus labios y en su garganta, en sus hombros y en sus muñecas, en sus brazos, en sus manos y en sus dedos”.

“Que sea condenado en su boca, en su pecho y en su corazón y en todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas y en sus muslos, en sus caderas, en sus rodillas, en sus piernas, pies y en las uñas de sus pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo, desde arriba de su cabeza hasta la planta de su pie; que no haya nada bueno en él. Que el hijo del Dios viviente, con toda la gloria de su majestad, lo maldiga. Y que el cielo, con todos los poderes que en él se mueven, se levanten contra él. Que lo maldigan y condenen. ¡Amén! Así sea. ¡Amén!”

Frases más inspiradoras no podría encontrar para un disidente…

Con esto me queda aún más claro que no hay más honor que la de la disidencia; estar en contra de lo verdaderamente injusto, romper con las normas y lo moralmente establecido, y luchar, pelear hasta con la vida por lo que creemos. ¡VIVAN LOS EXCOMULGADOS! ¡LOS DESTERRADOS, LOS EXILIADOS, LOS PRESOS POLÍTICOS Y DEMÁS!… Prefiero quedar en el olvido a ser recordado por la comunidad neo-conservadora como un buen cristiano de buenos valores…

¡VIVA LA DISIDENCIA!

Saludos!

Pd.- Como datos curiosos:

Los buenos hombres además de redactar aquellos hermosos párrafos, y siguiendo las costumbres más finas y nobles de su iglesia, cabe destacar que al “sucio independentista”, en la ceremonia de degradación eclesiástica, la Inquisición le cortó las yemas de los dedos y la superficie de las manos, además de haberle raspardo la piel de la cabeza, “que había sido consagrada, como cristiano y sacerdote, con el santo crisma”.

¿Dónde queda la verdadera justicia?… Ojalá existiera respuesta alguna.

Es cierto, la historia le da la razón en algunos casos a la justicia… Pero no a la divina… A esa se la lleva el viento.

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