Fanatismo.

En los últimos meses, y durante mi estancia en la Ciudad de México, me he encontrado con diferentes personajes que, si bien son de mi edad y, hasta cierto punto, de parecida ideología a la mía, se encuentran sumergidos en el total y triste fanatismo, ya sea hacia la figura de López Obrador o de Felipe Calderón. Sin embargo, es hacia López Obrador hacia el que dirigiré mi crítica -aunque con Calderón y sus seguidores también se aplica… muy al fondo son lo mismo-.

En la teoría Hobbesiana, se define a los seres humanos, como seres movibles, que a diferencia de los animales, tiene la capacidad de imaginar -fantasear, en la palabra griega que remite al término correcto-. Esta capacidad para imaginar genera que un individuo tenga una concepción abstracta diferente a la de otro acerca de un mismo objeto. Ahora bien, dentro de esta capacidad para imaginar, se encuentra la valoración que cada individuo brinda a distintos objetos o acciones; así bien, la distinción entre lo bueno y lo malo, es subjetiva.

Para evitar un desorden en el que cada individuo valore una misma de manera distinta -ya sea que uno considere que matar es bueno y otro no-, es que se llega a la concepción de un Leviathan, el cual pueda poner ciertos límites y cadenas a aquella situación. Creo que estoy olvidando mencionar que, para Hobbes, los hombres no pueden controlar sus deseos y pasiones; así como, no tienen la capacidad Política natural de la que Aristóteles hablaba -Aristóteles decía que los hombres, al asociarse para satisfacer sus necesidades, creaban, inmediatamente la Política-, por lo cual, y retomando la idea aristotélica de materia y forma, es el Leviathan (un ente supremo) el encargado de tomar la materia (el hombre) y darle forma (osea convertirlos en ciudadanos).

A lo que voy, y por lo cual he mencionado todo esto -jaja pareciera que pierdo el hilo de mis ideas, pero no jaja, no estoy tan loco…. aún-, es que, para lograr una unidad dentro de los ‘ciudadanos’, es el Leviathan el encargado de establecer una ideología dentro del inconsciente o imaginario colectivo de la población… Así es como el hombre establece la referencia entre lo bueno y lo malo… es su escala de valoración.

Y bien, dentro de esta explicación -y aún más la última parte- es en donde colocaría al fanatismo, ya que, considero yo, es a través de él, que el Leviathan -o cualquiera que pretenda simularlo, como en el caso de AMLO- logra esa unión de ideas y escalas de valor, y evita que cada individuo genere su propio pensamiento y concepción de lo que sucede. Así, por medio de no sé qué -creo yo su buen discurso o su estilo clientelar-, Obrador ha logrado posicionar dentro de sus seguidores ciertas ideas que día con día -y aún cuando carece de argumentos, y habla por hablar… soltando ideas descabelladas- van aceptando como buenas y verdaderas, limitándose a lo que su líder dice, y catalogando a todos aquellos que no concuerdan con él como traidores o anti-mexicanos.

‘El Autócrata’ (como lo llama un muy buen profesor) se mantiene dentro de la línea priísta, estableciendo un pensamiento -casi oficial- de lo que la gente debe creer… limitándose a lo que él considera correcto y/o bueno. Así cuando menciona que su fin es la felicidad de los mexicanos, resulta por demás, un gran ejemplo de ésto que hablo… ya que, para mí, la felicidad puede estar compuesta de algo muy distinto a lo que él considera felicidad… desde lo cual ya cae en este posicionamiento de Leviathan. (Este argumento de la felicidad es mencionado por el mismo profesor que lo nombra ‘El Autócrata’).

Y todo esto viene a mi mente -y a mi necesidad de hablar de ello-, ya que uno de mis amigos y compañero (así es, es mi amigo… me cae muy bien, y es muy buena gente… muy recto y educado…) es fanático a morir de López Obrador, lo cual me molesta de sobremanera… ya que no escucha, ni lee, ni revisa otros datos, que no sean los que Obrador dice o da… y eso sí es molesto… Demasiado diría yo. Es por eso que decidí comenzar a reflexionar acerca de todo esto, y mostrar, por medio de ideas como las de Hobbes, el fenómeno fanático que rodea a Obrador y su gente -podría decir que Calderón está en las mismas… pero no es así… No convence del mismo modo que Obrador lo hace… Calderón por más discursos que da, y giras que hace, no logra convencer de lo que está haciendo, o se propone hacer-.

Para finalizar, este fenómeno me preocupa, ya que no sólo se da, y se dará con Obrador, sino que seguirá ocurriendo con muchos otros, lo cual resulta preocupante… Creo yo sería la misma explicación del nazismo, el lenninismo, y muchos más…

Con esto pretendo exponer el porque de mi aversión hacia todo tipo de fanatismo, y la razón por la cual no creo en líderes y dogmas de irracional, considero yo, siempre debemos mantener una postura crítica, incluso hacia las ideas que nos puedan agradar… También es por eso que yo prefiero no creer en líderes, y desconfío siempre de ellos… Nunca se sabe que hay detrás de sus intenciones… Recordemos que ellos también se mueven por pasiones y deseos.

¡Saludos!

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