Socialdemocracia: un engaño por sí mismo

Éste post tenía un par de días aquí en mi incubadora de posts -es decir, estaba en estado de Borrador-, pero finalmente pude terminarlo, y aquí está.

Siempre he pensado que las personas que presumen -y pregonan- de ser tal o cual cosa resultan ser, inversamente, lo contrario. V. gr. aquél que dice “yo soy muy macho” -con todo lo que implica: homofobia, misoginia, etc.-, y que tantito se descuidan los demás, se tira al comprade por ‘ai en lo oscurito -ojo, que aquí la parte negativa es la hipocrecía con la que se manejan-. Otro ejemplo, “yo soy un buen hombre; un hombre de valores, que ama y respeta, ante todo, a su familia”, y que nada más lo pierde uno de vista, se embriaga y despilfarra todo su dinero en [los llamados] table dances, y casas cita, y una vez de vuelta en el hogar, golpear a su esposa frenéticamente hasta acabar con ella. Otro más, aquél que afirma y reafirma ser un demócrata excepcional, digno de ser admirado, aplaudido, e imitado por los demás, y que al verse rebasado ideológicamente, manda a expulsar, a punta de madrazos, a sus contrincantes, con tal de permanecer en el juego de la politiquería. Y así, ejemplos hay muchos, y no acabaría nunca de enunciar.

Y es que, creo que se trata de un “convencer a los demás de algo que en realidad no soy”; de un “igual y me la compran -la mentira-, y así quedo bien”. Es eso y no otra cosa, un intento -muy malintencionado- por tomar de tontos a los demás para ocultar quien soy en verdad.

Es por todo esto que siempre desconfío -y recalco el siempre– en aquellos que dicen, y dicen, y dicen, y actúan -porque es eso, y no otra cosa: una actuación-, con tanta insistencia -hasta asquear-, de tal o cual manera con tal de etiquetarlos como ellos quieren, y pretenden, que así sea.

Y no es para menos, el hecho de decir, una y otra, y otra vez, hasta el cansancio, que eres socialdemócrata, sólo me hace pensar una cosa: que no lo eres. Ahora bien, plasmarlo en algo como un esatuto, no es una burla, sino un engaño de, y hacia, ellos mismos, que sólo lleva a una cosa: al fracaso. Creo yo, que la última jugada del PRI es eso, un grito de desesperación; un pataleo inecesario para revivir algo que representa, por sí, mismo la muerte. Una muy mala broma-jugada a la que se prestan ellos mismos con tal de que la gente lo crea, y volver así al poder.

Lo más triste de todo es que hay lugares en los que sí les creen incluyendo a jóvenes ingenuos, e “inocentes”-, y que representan una bofetada para la autoconciencia misma -o sea, nuestra historia-.

En fin, a ver qué pasa.

Saludos.

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