Mujer: Factor para el Cambio Social (Revisited) | Por el derecho de las mujeres a decidir

Este post lo escribí hace más de un año (por ahí de junio del año pasado, creo) -en realidad era un ensayo para una clase-. El tema sigue vigente, y creo que ahora se hace más y más necesario atenderlo. Con el avance de las reformas que criminalizan a la mujer, penalizando el aborto en todas sus modalidades, en vista de un interés por acotar libertades, y de extender la visión católica sobre el asunto, se vuelve imprescindible defender, no sólo el laicismo de nuestro Estado, sino los derechos fundamentales a los que tod@s debemos tener acceso. Como leí por ahí -me parece que fue @roblesmaloof quien lo publicó por ahí-, la maternidad es un derecho, no un destino. No permitamos que continúe expandiéndose tremendo retroceso. ¡Por el derecho de las mujeres a decidir!

Mujer:
Factor para el Cambio Social

Y una de las tantas historias de violencia intrafamiliar existentes en nuestra realidad contemporánea, empezaba así:

“¡TE DIJE QUE NO ME PIDIERAS NADA! ¡QUE NO ME PIDIERAS YA NADA! ¡NI LECHE, NI NADA! ¡YA TE COMPRÉ EL CEREAL! ¡NADA MÁS ME HACES PASAR VERGÜENZAS CON ÉSTE!”. Gritó la madre furiosa, reprimiendo, y humillando. El pobre niño, que parecía tener unos 8 ó 9 años, lloraba, y lo hacía con tanto sentimiento, con tanta incomprensión, que la reacción en cualquiera con un poco de sentido común, y humanismo, no sería otra, sino la de intervenir para detener la escena. Para cuando terminó de gritarle la madre al niño, ésta sentenció, con voz de desesperación y súplica -un tanto cobarde-, diciendo al padre: “Es que no se vale Manuel; no se vale”; y se retiraron caminando los tres, por el estacionamiento. El padre, un tipo desaliñado, flaco, con mala postura, y cabello largo; la madre, regordeta, con cara de sufrimiento, de desesperanza, con actitud de desahucio. El niño, con su infancia deshecha, y el temor latente -reflejados en su cara-; famélico, y destrozado. Los tres caminando, hacia la vereda; cada quien con su pena; con la única seguridad del constante sufrimiento, ese sufrimiento que todo lo asemeja al mismísimo infierno.

A primera vista, nos puede parecer que es la madre quien juega el papel de villana en la historia; la cruel; la desalmada que maltrata al niño, y agrede al padre; la culpable de todas las desgracias de la familia. “¡Qué maldita! ¡Qué bueno que no tiene hija! ¡Seguramente aprendería todo de la madre, y sería igual a ella: Una desgraciada! ¡Por eso todas las deshonras de la familia son a causa de la mujer! ¡Porque son unas malditas y aprenden desde niñas a serlo!” Sin embargo, al pensar esto estaríamos cayendo en la misma actitud de siempre; esa actitud que ejercen por igual hombres y mujeres, y que trae consecuencias sociales desastrosas: El Machismo. Y es que, el hecho de que el padre no cubra las necesidades básicas -ya sean económicas, o de cualquier otro tipo-, y no permita el desarrollo de la mujer -impidiendo que sea ella quien cubra lo que él no puede, limitándola, así, a su papel de “débil”, y “dependiente”-, implica, desde donde se vea, una agresión, síntoma evidente, y claro, de la cultura machista.

Como podemos ver, la violencia de género -porque eso es, y no otra cosa; violencia hacia la figura de la mujer-, y el machismo están íntimamente ligados. Pero, antes de seguir adentrándonos al tema, hay que definir lo que es violencia para entender bien lo que se explicará después. Tenemos así, que “la violencia se asume como la expresión de una relación de desigualdad que lesiona, en mayor o menor medida la integridad física, psicológica, sexual y social de los individuos impidiéndoles su plena realización.”1 Así mismo, hay que tener muy en claro el significado de violencia familiar, que se entiende por “aquella que ocurre entre personas que comparten lazos de parentesco o de consanguinidad. (…) La violencia domestica o de pareja se refiere a cualquier comportamiento de una persona dentro de una relación íntima que causa daño físico, psíquico, emocional o sexual a su pareja.”2

Una vez dicho lo anterior, y sin afán de excusar a la mujer de la historia, puedo decir que, una agresión del hombre a la mujer, se puede traducir en varias, aunque no directas, a otros miembros de la familia; por ejemplo, el niño. El hecho de que la madre sea agredida, y sin embargo, no pueda responder -debido al control social que se le impone- en forma de reclamo al hombre, es en el niño en quien descarga su furia, y su frustración. Agrede porque es agredida; y lo hace con el más indefenso, porque sabe que éste no dirá, ni reprochará nada; es decir, no la violentará como respuesta. Todo esto propicia, en consecuencia, una ambiente de constante violencia, y agresión, que se mantendrá vigente -gracias a la neurosis- por varias generaciones.

Este problema de todos, y exclusivo de nadie -ni de aquella familia; ni de la ciudad; ni del país-, tiene que ver, indiscutiblemente, con nuestra cultura; nuestra educación; nuestras imposiciones sociales; es decir, con nosotros mismos. Es tan nuestro -y tan real-, que hay datos que lo confirman3:

Uno de cada cinco mexicanos considera que es natural que a las mujeres se les prohíban más cosas que a los hombres, 21.7%.

El 14.5% opina que no hay que gastar tanto en la educación de las hijas porque luego se casan.

Uno de cada cuatro le pediría un examen de embarazo a una mujer al solicitar empleo, 24.4%.

Para casi el 40%, las mujeres que quieren trabajar deben hacerlo en tareas propias de su sexo, 39.2%.

Casi uno de cada tres opina que es normal que los hombres ganen más que las mujeres, 30.5%

21% opina que las mujeres tienen menos capacidad que los hombres para ejercer cargos importantes.

Uno de cada cuatro mexicanos está de acuerdo con que muchas mujeres son violadas porque provocan a los hombres, 23.1%

Nueve de cada 10 mujeres en México opinan que sí hay discriminación contra las

mujeres, 94.2%.

Para 4 de cada 10 mujeres, la discriminación hacia su género se asocia con “ignorarlas, 20.1%; negarle sus derechos, 11.8%; o con el machismo, 11%, otras ideas son por sexo, pobreza, recibir menos sueldo y falta de atención.

Los derechos de las mujeres que menos se respetan son: Trabajo con pago justo, 64.4%; trato igual ante la ley, 62.9%; no ser víctimas de violencia, 62.8%; una vivienda digna, 60.1%; derecho a expresar sus propias ideas, 54.4%, tener una vejez digna, 54.3%; no ser esclavo de nadie, 54%; elegir el trabajo que prefieran, 53.5%; tener las ideas políticas que prefieran, 53.1%; derecho a poseer una tierra, 52.6%; derecho a una seguridad social, 47.3%; decidir dónde vivir, 46.7%; derecho a la salud, 39.9%; educación secundaria adecuada, 32.2%; educación primaria adecuada, 30.9% y derecho a votar, 24.3%.

La realidad es ésta: A la mujer se le impone un Control Social, que implica una serie de obligaciones, y sanciones, que nos afectan a todos. No sólo por el hecho de que la mujer sea, a través de la violencia, socialmente minimizada -lo cual es verdaderamente lamentable, y preocupante-; sino que, como ya mencioné antes, se traduce en agresiones que van en aumento, y trascienden a los demás núcleos sociales. Es decir, es una cadena sin fin que parte del mismo punto: La violencia de género.

Mi propuesta va en ese sentido: Si todos contribuimos a que la mujer rompa con ese patrón social establecido -que no es otra cosa, sino un control que se ejerce, y acepta, socialmente-, y, al mismo tiempo, rompemos nosotros con él -es decir, luchar contra nuestra mentalidad machista-, traerá, en consecuencia, una sociedad mucho más sana; más libre; más segura; y sobre todo, más equitativa, y por lo tanto justa. ¿Por qué? Porque si dejamos de violentar a las mujeres, a todos los niveles -ya sea familiar, laboral, etc.-, por ende, se irá eliminando la violencia en los demás espacios sociales, reduciéndolo, a sólo unos cuantos -que puedan quedar por ahí-, los cuáles, serán mucho más fáciles de combatir. Es decir, empezando a nivel micro -desde la base, que es la familia-, se puede lograr algo a nivel macro. Todo es consecuencia de un acto en particular.

Así, es que tenemos que empezar desde lo más esencial, lo primordial que es la educación. Debemos abrir los espacios educativos a todos, y a todas. No sólo eso, hay que asegurar educación de calidad a todos, sin importar origen. Porque si realmente queremos cambiar, habrá brindar oportunidades, y espacios a todos, y a todas. ¡Ya basta de la exclusión! ¡Ya basta de la discriminación! ¡Dejemos de violentarnos, y construyamos una sociedad con equidad! Y eso, sólo a través de la educación. Sólo de esa manera podremos romper con los controles sociales; con la violencia de género; con la pobreza; la desigualdad. ¡Esa es nuestra verdadera lucha como sociedad! ¡Lo más inmediato, y urgente¡ Nada nos deja esa actitud maniqueista, y polarizadora, de ver quién, y qué ideología es buena o mala; quién tiene la razón, y quién no. Debemos trabajar juntos y derrotar al enemigo. Empecemos por liberar la figura de la mujer; y de ahí, comenzarán los demás cambios sociales, que tanto necesitamos, y que asegurarán una vida plena, llena de felicidad.

Puedo ser demasiado idealista; pero también creo ser muy realista, y éste es un problema que hay que resolver de inmediato. No se puede aplazar más; no podemos seguir con esta cultura inhumana, y absurda. Para evolucionar, tenemos que recuperar, primero, nuestra condición de humanidad; y si no nos tratamos a todos como iguales -porque, bien lo decía Hobbes: “La Naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en las facultades del cuerpo y del espíritu que, si bien un hombre es, a veces, evidentemente, más fuerte de cuerpo o más sagaz de entendimiento que otro, cuando se considera en conjunto, la diferencia entre hombre y hombre no es tan importante que uno pueda reclamar, a base de ella, para sí mismo, un beneficio cualquiera al que otro no pueda aspirar como él.”4 -, nunca podremos avanzar, y desarrollarnos como sociedad. Claro que, habrá que llevar a cabo todo esto en paralelo con otras acciones, pero, todos en conjunto, sin más discriminaciones, ni exclusiones.

1Violencia de género, Óscar Campos, publicado en http://masdeunmundo.blogspot.com/2008/05/violencia-de-gnero.html

2Estadísticas de Violencia de Género en México, elaborado por la Coordinación General de Asuntos Internacionales y Relaciones Parlamentarias con información del

Instituto Nacional de las Mujeres y la Secretaría de Desarrollo Social.

3Ibid.

4Leviatán: o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil, Thomas Hobbes (México; Fondo de Cultura Económica, 2006), cap. XIII, pp. 100

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