Spotify: Revolución Digital

Texto publicado en Revista Babel – Número 0

En los últimos años, la industria discográfica ha emprendido una guerra en contra de la distribución digital de música. Ha sido tanto el ímpetu por detener esa inercia, que hoy en día vemos cómo asociaciones como RIAA (Recording Industry Association of America) o IFPI (International Federation of the Phonographic Industry), entre otros, idean toda clase de mecanismos para evitar las descargas digitales de música. Claro ejemplo de ello es el famoso DRM (Digital Rights Management), y el controvertido ACTA (Anti-Counterfeiting Trade Agreement).
Sin embargo, es claro que dar marcha atrás a un fenómeno como este -descargas de música- resulta, sino imposible, impensable. Simplemente habrá que corroborar cómo es que este tipo de prácticas se han vuelto cotidianas en la vida de cualquier persona del mundo. Basta con buscar una canción en algún servicio P2P (Peer-to-Peer), o buscador, dar click, y descargar la canción que queramos.
Se trata, entonces, no del cáncer de la industria discográfica, sino de un nuevo modelo de distribución musical; un nuevo modelo de negocio. ¿Por qué?
1) Porque para que un artista se dé a conocer en cualquier punto del globo terráqueo, no necesita ya editar su disco en cada región del mundo. Tan fácil como subirla a la red, y compartirla con todos. Se evitan así los costos de producción y distribución.
2) Cualquiera que se interese en su disco, puede ir a comprarlo, una vez que sepa de qué se trata. Sin necesidad de gastos en promoción por cualquiera de los medios tradicionales
3) El artista tiene la posibilidad de vender entradas para conciertos, dado que ya han escuchado su música. Lo mismo para la venta de merchandising.
Ahora bien, de acuerdo con un estudio realizado en Suecia presentado por la IFPI, demuestra que la descarga de música, lejos de afectar las ventas de las discográficas, ha propiciado un ligero incremento en estas:
-Ventas de música aumentaron en un 10.2% que, de acuerdo con el grupo -IFPI-, representan el primer incremento en ingresos, desde el año 2000.
-La venta de discos físicos aumentó en un 1.9% con respecto al año anterior. Todo esto, propiciado por la comunidad digital.
-Las ventas en digitales tuvieron un 16.3% del total de las ventas en 2009, que representa un incremento del 98.6%, con respecto al año anterior.
Lo interesante de este estudio -además de los datos ya mencionados- se centra en el hecho de que el 46.1% de las ventas digitales de música fueron propiciados por servicios de streaming como Spotify. Y es que, como bien señala Ludvig Werner de IFPI, “la principal razón de este incremento en las ventas es la disponibilidad de mejores servicios legales.”
En ese mismo sentido, Ed O’Brien -guitarrista de Radiohead, banda que siempre apoyó las descargas, y que incluso innovó con su sistema “paga lo que creas conveniente” con la distribución por la red de su disco In Rainbows-, señaló en una entrevista que había “que licenciar más música, más Spotifys, más sitios que vendan música”, así como abaratar los discos para competir con el P2P.
Spotify es la manera perfecta para difundir música de manera legal, sin restricción alguna para el consumidor. El sistema es sencillo: Generar acuerdos con las compañías discográficas para poder brindar el servicio a los usuarios que, gracias a la publicidad, pueden acceder gratuitamente -tiene su versión premium, sin embargo el servicio básico no tiene costo-. Así, se evitan las descargas, y se promociona al artista (el autor, mientras escribe estas líneas, escucha un disco de Bruce Springsteen en línea sin necesidad de descargarlo).
Queda claro que -como señaló el propio O’Brien- la industria discográfica no puede continuar con un “modelo de negocio analógico en una era digital”. La solución no está en idear más mecanismos legales -ACTA-, o tecnológicos -DRM-, para evitar las descargas de música, sino en la creación de alternativas legales que permitan a los usuarios acceder al contenido del artista, para promocionar la obra, y, si al consumidor le interesa adquirirlo -ya sea digital, o físico- lo hará.
El punto está en permitir que la música se comparta para beneficiar a los artistas. No en prohibir esta forma de promoción gratuita. Debe cambiar esa concepción de antaño de los emporios discográficos, para evitar esta estéril guerra entre consumidores digitales y las discográficas.
Fuentes:
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